El sombrero del hotel Castelar.

El sombrero del hotel Castelar.

El sombrero del hotel Castelar.
Según el hermano mayor, del primer compañero que tuve de pupitre, saber guiñar el ojo izquierdo era una de las habilidades más útiles que se podían aprender a lo largo de la vida. Esa mueca era fundamental para optar a oportunidades inesperadas. Treinta años más tarde lo comprobé en Buenos Aires. Practicando con el recepcionista del Hotel Castelar conseguí que me prestase la llave de la habitación donde se alojó Federico. A escondidas, me probé el sombrero que este olvidó, de manera intencionada, antes de marcharse de gira teatral. Aquel día descubrí que mi cabeza estaba hecha para llevarlo. Solo el sombrero de García Lorca le podía quedar bien a una mujer. Todo por saber guiñar un ojo a tiempo. Los hermanos mayores siempre tienen razón. Elena Rodríguez Calatrava

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