De cómo ser culto en un bar y mejorar su francés.

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Hoy podríamos empezar hablando del francés. Del idioma francés, por supuesto ¿o ustedes estaban ya pensando en otra cosa? Ya sé que podía haber empezado diciendo: «hoy, estimados seguidores, vamos a hablar de la lengua francesa», pero me da a mí en la nariz que el primer inicio es mucho más jugoso ¿o me equivoco? Si es así, díganlo ahora o callen hasta el final del texto.

La dura realidad es que acabaremos hablando de otro tema. Para ello, vamos a esbozar  una introducción, ya que siempre hemos sido alumnos aplicados y cuando el profesor de literatura nos decía que teníamos que empezar los textos haciendo una introducción, nosotros nos poníamos a ello sin rechistar (los alumnos de los años noventa éramos un modelo a seguir por los de ahora; no he querido evitar remarcarlo que para eso yo formo parte de ellos).

Uno se puede pasar media vida intentando pasar desapercibido. Para lograr este empeño, se pueden poner en práctica varias estrategias:

1ª) Ahora me visto todo de negro y me convierto en gótico (una cosa discretita, por eso de no dar la nota)

2ª) Ahora me pongo flores en el pelo y me transmuto en hippie.

3ª) Ahora…etc.

Hay más prácticas de este tipo; ustedes pueden añadir con las que se sientan más identificados, dejo libertad para ello. Estas situaciones nos han podido pasar a todos y no hay que ocultarlas en ningún momento.

Después de estos datos informativos, es hora de que empiecen a reflexionar. Hay ciertos disfraces de los que uno no puede huir por mucho que lo intente.

¿Por qué? ¿A qué me estoy refiriendo con esa huida imposible? A lo siguiente. Yo siempre me he mantenido en un perfil discreto de esos que ahora se llaman «perfil bajo”. Ni gótica, ni hippie, ni motera, ni nada de nada. Lo malo es que mi disfraz interno salía a la superficie en cuanto me daba la vuelta y miraba a ver quién estaba sentado en la mesa de al lado. Al igual que a otros les preguntaban: «¿y tú? ¿eres rockero, no? », a mi me asaltaban siempre con la siguiente pregunta que me hacía ponerme de uñas: «¡ah!, ¿tú eres culta, verdad? Se te ve, se te ve».

Pues sí, señores, yo que quería ser a toda costa alguien poco menos que invisible, no había manera de lograrlo. Era abrir la boca y la preguntita dichosa me acechaba cual buitre hambriento.

Ahora, después de tantos años, creo que les debo una explicación acerca del porqué de mi atuendo de culta; ya saben, a todos nos toca rendir cuentas en algún momento.

Hay dos razones fundamentales y sé que les va a costar un poco asumirlo, pero cuando les aporte la explicación del francés ya verán como no les miento. Ha llegado la hora de descubrir el secreto tanto tiempo celosamente guardado. Si, señores, yo soy culta porque voy mucho a los bares. ¡Eh! ¿a qué les he dejado impactados con la revelación? El otro motivo y no menos importante, es que leo mucho la prensa, ojito, digo, leer, no pasar las hojas a modo de abanico para darme fresco cuando hace mucho calor.  Sí, ya lo he confesado. ¡Me encanta ir a los bares para ser más culta!

Ahora mismo les pongo un ejemplo y verán, verán como es verdad lo que digo.

Estaba yo en uno de esos ratos en los que había decidido sacar de paseo mi disfraz de culta y me encontraba aposentada en un bar, con el periódico en la mesa y un «sombra» (ahora mi café con leche de toda la vida había pasado a denominarse con esa palabra tan oscura; ya les contaré en otro momento de dónde viene el nombre).

Hete aquí que sin poder evitarlo, oí una frase que me dilató los ojos en unos segundos. La frase en cuestión, tan sencilla en la forma como en el contenido, era esta: «me hubiese complacido poder decírselo en francés». No daba crédito. La voz venía de una mesa donde dos chicas hablaban con una pareja de franceses que intentaban enterarse de qué hora era. ¡Toma frase al canto! No me dirán que no es para quedarse muda de la impresión por un buen rato. Un buen rato e incluso días porque yo aún me estoy recuperando. Después de ese día, he llegado a alguna que una conclusión.

Si uno quiere enriquecer su idioma… ¡tiene que ir a los bares! Lo de ser más o menos culto, eso ya quedará para la habilidad de cada uno de ustedes pero sobre todo… ¡busquen inspiración en la vida cotidiana! Está plagada de buenas oportunidades. No lo olviden y sigan siendo cultos que siempre se encontrarán con momentos variopintos como este y al menos se reirán un rato. Elena Rodríguez Calatrava

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