De cómo hacer nuevos amigos en tiempos de crisis.

El más grande de los AZOS

No me queda otra que hablar de palabras que acaban en -azo. Ya verán ustedes a lo largo del texto el por qué. La primera palabra que se me viene a la mente es: taconazos. Dícese de esa palabra que se utiliza para causar envidia en la concurrencia. Ir a una fiesta y no lucir taconazos, no tiene sentido, perdonen que les diga.  Una, que siempre se recuerda como entre las más altas de su clase, no ha necesitado tener que recurrir nunca a prótesis de ese tipo. Y esos dolores de pies que se ha ahorrado, si señor. Cuando era joven, todas las amigas, más bajitas, salvo algunas excepciones, no hacían más que alabar las virtudes de los tacones. Qué si eran estupendos para estilizar la pierna, qué si los dependientes de las zapaterías te miraban con otros ojos cuando pedías ese par con 9 centímetros de altura (claro, te mira como si hubieras perdido la chaveta, pero eso no te lo iban a decir a la claras, que para algo se ganan la vida con las ventas), etc.

Alguna vez, pero solo alguna vez, la sensación de estar perdiéndose algo de ese mundo de altura, me rondaba la cabeza pero donde estuviesen unas deportivas pues eso… ¡que los dolores de pies los aguanten otras!

Hete aquí que una llega la treintena y empieza a oír la palabra taconazo. Ya no era tacón, ahora era taconazo y mira por donde empieza a gustar esa palabrita. Con lo cual, para poder usarla, había que empezar a utilizar el objeto que designaba.  Y dicho y hecho. De taconazo en taconazo, de fiesta en fiesta y tiro porque me toca.

Buen ejemplo este del uso del –azo.

Segundo ejemplo de los –azos. Volvamos a esa época en que una empezaba a salir por la noche (hasta las 00:00 en plan Cenicienta) y apuraba sus horas de último ocio tomándose una copa. Si, señores, en aquellos años mozos, una tomaba copas. Una o dos, dependiendo del presupuesto pero copas al final y al cabo. El devenir de los tiempos fue parejo al inicio del empleo de los taconazos y una se dio cuenta, que ahora en vez de tomar una copa, salía a tomar un copazo.  Todo parecía ir de la mano. Pues nada, si ahora que ya voy sobre plataformas, hay que tomar un copazo, se toma, se toma, todo sea por el devenir de lo tiempos…

Resumiendo: la vida nocturna consiste ahora en tener un planazo (o varios), llevar taconazos y tomarse un copazo.

A estas alturas, ustedes se preguntarán qué me he tomado para darles la brasa con esta historia de las palabras que acaban en –azo. ¡Ay, corazones! una que es tan considerada con su público fiel y ustedes… ¡haciéndose los remolones!

¡Si lo único que pretendía era prepararles a conciencia para cuando llegase el mes de septiembre!  ¿Y qué pasaba en el mes de septiembre, a parte de que se acabasen las vacaciones, para la mayoría de los mortales?, me dirán ustedes.

En este país, a parte de yo misma, los políticos han decidido apoyarnos en el estudio y ampliación del léxico; han querido que aprendiésemos con rapidez una nueva palabra. ¿Cuál es este nuevo vocablo? ¿aún no han caído en la cuenta? …  Está claro… ¡IVAZO!

Nuestro nuevo amigo a partir de ahora se llama IVAZO. ¿A qué tiene pinta de simpático? Consuélense pensando que desde unos taconazos de 9 centímetros  y con un copazo en la mano, cualquier nuevo amigo hasta parecerá majo.  Ya me contarán qué tal con él. Elena Rodríguez Calatrava

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